RACING 0 COLON 2

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RACING 0 COLON 2

Mensaje por Elias.lxcolon el Dom Nov 16, 2008 6:48 pm

Podrá decirse con cierta dosis de razón que Colón es un equipo que no luce; también se podrá preguntar por qué saca tantos puntos de visitante y no logra consolidar una racha continua de buenos resultados (victorias) como local; podrá decirse también que Colón está cerca de conseguir el objetivo de 25 puntos que se propuso Mohamed como meta, sin hacer gala de brillantez futbolística. Todo esto es así, tan cierto como que nadie podrá discutirle a Colón la imagen de equipo serio, digno y comprometido que dejó bien en claro en la primera parte del campeonato, para luego trastabillar en aquel partido ante Arsenal que motivaron las declaraciones de Mohamed y recuperarla en su mejor expresión para esta racha que se inició con la gran victoria ante Vélez (hasta ahora, el mejor partido del campeonato).

Varias veces se comentaron aquellas famosas palabras del Turco luego de Arsenal, cuando habló de “relajación” y “comodidad”. ¿Cómo iban a repercutir en los jugadores?, ¿cuál sería la respuesta de ellos en el futuro?, ¿eran las adecuadas para provocar el necesario sacudón que le ponga punto final a la racha de resultados negativos? Después de ese partido y de la posterior derrota ante Independiente, algunos pensaron que el Turco iba a bajarse del barco en medio del río si se perdía ante Vélez. En realidad, nadie descubre la pólvora si proclama que un técnico está con la soga al cuello si pierde tres partidos seguidos en este fútbol argentino en donde la estabilidad laboral de un técnico y cualquier proyecto deportivo nunca están por encima de los resultados, que son los que mandan.

O sea, haber perdido aquél partido ante Vélez hubiera significado, para Mohamed, lo que es para cualquier otro técnico de este fútbol cada vez más histérico, peligroso e impaciente. Sin embargo, el equipo sacó a relucir aquellos atributos de comienzos del torneo, que motivaron elogios y ese mote de equipo duro de ser derrotado. Vélez fue un punto de partida no sólo para esta racha de partidos sin derrotas y el envión matemático que lo deja a 3 puntos del objetivo con 12 por jugarse. Vélez también significó el descubrimiento de Lucas Acosta y Alfredo Ramírez como jugadores confiables, más allá de que anoche, ante Racing, hayan jugado ambos un partido flojo; Vélez también fue el envión definitivo para encontrar una dupla ofensiva convertida en la mejor de este torneo; y Vélez también fue el despegue de algunas individualidades que venían a los tumbos, sin la estabilidad suficiente como para ser tenidos en cuenta como titulares seguros, caso Candia, Falcón y Oyola, por ejemplo.

Hablamos de aquél partido ante Vélez como antecedente de éste de anoche ante Racing. ¿Por qué Colón gana tanto de visitante y le cuesta enormemente hacerlo de local?, ¿por qué el 70 por ciento o más de puntos se consiguen afuera del Centenario?, ¿por qué el técnico potencia con los planteos al equipo cuando juega afuera y no tanto cuando lo hace adentro? Posiblemente no haya una sola explicación. Inclusive, más interrogantes se podrían agregar, como preguntarse por qué Pozo ataja sin problemas y sin fallas en cancha ajena y por ahí comete errores que despiertan gestos de incertidumbre cuando lo hace en el Centenario.

La mano del técnico

Caeremos siempre en Mohamed, un técnico que pudo haberse equivocado con algunos refuerzos que eligió, pero al que habrá que darle la derecha con la continuidad y la confianza que le ha dado a los pibes del club, con la revalorización de Tito Ramírez (¿estará jugando su último campeonato en Colón?) y con las modificaciones y planteos que permitieron sumar puntos.

Cuando Colón juega de local, las opciones son muy pocas: hay que atacar, asumir la iniciativa y ser prepotentes. En realidad, a esto Colón casi no pudo conseguirlo. Sin ir más lejos, basta con mirar qué pasó en los últimos dos partidos, donde Argentinos —más allá de la goleada— y Tigre le manejaron la pelota durante buena parte y supieron complicarlo.

Sin embargo, la situación varió en los partidos de visitante. Y así como ante Vélez fue clave el partido de ajedrez que jugó Mohamed contra Tocalli, anoche también se notó la mano del entrenador para corregir cuestiones que estaban complicando y podían llegar a ser “mortales” en caso de no encontrarse una solución.

Racing había complicado por la movilidad y desequilibrio de Moralez y Lugüercio, en el primer tiempo, pero también sumaban desde el fondo a los marcadores de punta, quienes junto a Leandro González y Lucero se encargaban de plantear los famosos 2-1 sobre los costados. Por eso, en el entretiempo, Mohamed resolvió parar al equipo de la misma manera que Racing, pasando del 3-4-1-2 a un 4-4-2 que permitía encontrar, fundamentalmente, una solidez defensiva notable con el ingreso de Nico Torres y con el progresivo mejoramiento de Crosa (jugó el mejor partido desde que está en Santa Fe) y Candia, más la solidez que transmitía Pozo desde el arco.

De esta manera, empezaron a caerse los dos puntas y no mejoraron luego cuando Llop empezó a sumar hombres del medio hacia arriba, como Caballero, Fernández o Sánchez Sotelo. Y además, Colón pudo cambiar la historia del primer tiempo, frenando con Lucas Acosta por derecha y Oyola por izquierda a las subidas de los dos marcadores de punta en tándem con los volantes por sus laterales.

El “9” que no para de meterla

Pero no sólo de las buenas decisiones del entrenador o del esfuerzo colectivo y general vive Colón, sino también de este increíble momento de Esteban Fuertes, que parece no tener límites a la hora de convertir goles, porque anoche hizo uno hasta de nuca.

¿Se acuerdan el equipo que juega la final con Banfield, en el ‘93?, ¿se acuerdan de Mamani y ese gol con la espalda ante Laferrere?, pues bien, después de aquello, pensé que haber visto un gol con la espalda era el punto final de las sorpresas, sin embargo lo de anoche es ampliamente merecedor de figurar entre los bloopers futboleros que tanto se nutren y apasionan los canales dedicados a este tipo de situaciones. ¡Y pobre Migliore!, quien sin embargo se fue ovacionado por la gente de Racing, que se nota que no marca dependencia absoluta de los resultados a la hora de retribuir el esfuerzo que, mal o bien, hacen los jugadores.

Fuertes es la carta de desequilibrio que tiene este equipo. Y está bien secundado por Ramírez, desechando ambos aquél adagio futbolero que indica que dos “9” nunca pueden jugar juntos porque se anulan. Sin embargo, o Mohamed es muy vivo o el resto no se anima o no sabe cómo hacerlos jugar. Lo cierto es que Colón juega con dos “9” de área que tienen características parecidas en cuando a sus condiciones. Sin embargo, no se chocan, se buscan, se dan pases-gol y se complementan. ¿Qué más se les puede pedir a Fuertes y a Tito?

Sobran buenas razones

Por todo esto que se acaba de decir, resulta hasta agresiva la búsqueda de aspectos negativos, que Colón los tiene como cualquiera de los equipos, encaramados o no, que juegan en la Primera División del fútbol argentino. Anoche no pudo manejar la pelota, recién mejoró algo en el segundo tiempo, pero se defendió bien y cuando llegó al arco rival no perdonó. Disfruta de un gran momento de los dos delanteros y anoche encontró respaldo en el fondo; además, el técnico acertó en la lectura que hizo del partido en el entretiempo, cuando Colón sabía que si no modificaba ciertas cuestiones tácticas, iba a tener muchos problemas en el complemento.

En el fondo, son cuestiones de peso que, sumadas, permiten no sólo disimular defectos, sino también marcar pautas de desequilibrio sobre los rivales. Colón no fue más que Racing en el manejo de la pelota, pero en el segundo tiempo lo obligó a atacar con pelotazos frontales y allí aparecieron los defensores para rechazar todo; y Pozo, por si hacía falta, para demostrar que afuera ataja más tranquilo que adentro.

Está bien Colón en todo: en la tabla, en el camino del objetivo matemático, en el vigor que le pone a cada partido y en una salud interna que se siente y se transmite adentro de la cancha. El temblor ya pasó y los tiempos buenos ahora se disfrutan por más que se sepa y se acepte que en este camino de piedras no hay que descuidarse, pues por más que las mismas sean cada vez más chiquitas, igual pueden “servir” para tropezarse.
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